Vivo en el clímax de mi enajenación,
batalla de cigarras luchando por ser la más ensordecedora, la mejor,
batalla de irritantes vociferíos, purgatorio sonoro en mi obtusa mente,
ente demente, transfigurado, guerra perdida aunque sus batallas sigan.
Ante mis ensordecedores demonios no hay
conciencia rival, no hay nada ni nadie que pueda asustarlos, nada ni
nadie que logre domarlos, nada ni nadie que pueda amarlos... excepto
yo. Como dijo el dios lírico Cioran "en las cimas de la
desesperación nadie tiene ya derecho a dormir"; egos que no
descansan, vidas que se consumen, cimientos que se corroen, esta es
la vida de mi no-vida, la paradoja de mi megalomanía decrépita y
olvidada.
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