Por querer amar tu
estampa,
estirpe de luz polar,
corazón que vuela
aullando,
forja de erosión mental.
Por romper bigas de
helechos,
corazón sin remisión,
hallé un templo que
gritaba,
en lares de un tenue
adiós.
Un sinfín de acordes
rotos,
melodías sin tesón,
esculturas de humo y
bruma,
plumas de arcángel
senil.
Grazna cuervo, grazna
empero,
sol que ruge, sol servil,
luz que no aclara tu
abrigo,
negra tinta de mi atril.
Puerto sin embarcaciones,
cementerio cervical,
de tus labios
extraviados,
y tus besos de cristal.
Un fugaz redoble ahogado,
en nubes de rosas recias,
llanto que nace
eclipsado,
dramaturgo sin tintero.
Mi piel que ya no se
eriza,
no olvida tu tacto afín,
secretos de amor y
brasas,
grabados a fuego en mí.
Transeúnte deslomado,
de carga sentimental,
árbol que llora hojas
secas,
otoño que siembra sal.
Ruiseñores que
especulan,
un destino que se fue,
marionetas que torturan,
a un titiritero cruel.
Dulce parca ven a mi,
bailemos un vals sin fin,
quebremos estepas yermas,
prediquemos en latín.
Un adiós de oro y
ceniza,
tácito albor demencial,
la pasión que muere en
vano,
lecho de pino y metal.
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