Un nuevo año. Comienza el 2014. Estoy en
mi silla en la terraza, con mis botas recostadas en la barandilla,
rompiendo el azul cerúleo de un cielo homogéneo, pensando. El sol ruge con
fulgor de león áureo, el aire frío coloniza mis pulmones, pero el
humo nicotínico defiende su metrópolis en una encarnizada batalla muda.
Fumo un cigarrillo mientras mis ojos vidriosos recuerdan los años
pasados y lo caprichosa que es la vida, se ondea el pretérito de
añejas vivencias, se limpia el polvo del cajón de los recuerdos y se entreabre, se
evocan sonrisas y sonrisas, sonrisas de alegría, sonrisas
melancólicas. Pero el mundo hoy es demasiado claro y perfecto, y el
porvenir se presenta radiante como para caer en el abismo del
desaliento. Frente a mi los cimientos de mi futuro, y detrás la
experiencia, y ahora mismo, ahora mismo solo un cigarrillo y una
utopía. Seguiré cayendo, seguiré levantándome, y es que cuantas más
veces se cae más se aprende a levantarse, catedrático del alzamiento
me proclamo; seguiremos soñando, seguiremos durmiendo, seguiremos
amando, seguiremos sufriendo, seguiremos viviendo, seguiremos por
siempre, nunca nos rendiremos.
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