Rompo el resorte físico para
adentrarme en el psicológico. Rompo la barrera de la carne para
hundirme en el de las doctrinas. Busco ideas en esquinas cerebrales,
mendigas de atención, de oídos altruistas. Busco en el cementerio
de los ideales un zombi que no se resigna a permanecer bajo tierra,
un ideal devora-cerebros, una sombra putrefacta que anhela ser luz.
Sigo adelante, mis pasos son mi camino, mi camino el caminar. Pisando
fuerte, abrazando aun más fuerte, gritando al miedo, rompiendo esta
maldición de odio. Seguiré buscando un oasis extravagante entre la
monótona arena, buscando nubes que me recuerden algo por lo que
luchar. Saltaré al vacío sin más alas que un optimismo inventado.
Mi fe quebrada será el velero hacia utopías oníricas, el viento mis
suspiros. Seré un tripulante sin brújula ni cartas náuticas,
marinero rudo forjado en las tempestades de la existencia, corazón
ajado en la decepción, corazón recompuesto en piezas de segunda
mano, la mano que me ayuda a levantarme cuando caigo. Zarparé de un puerto añejo
a un mar neófito. Seré medianoche; su Luna y su derroche, seré
mediodía; su Sol y su energía, seré la nada y seré el todo, seré
el horizonte por el que nacen y mueren los días, seré un fantasma
clandestino y su sombra, seré la mariposa de mi metamórfico pasado.
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