martes, 21 de enero de 2014

El vorágine de los enigmas

Rompo el resorte físico para adentrarme en el psicológico. Rompo la barrera de la carne para hundirme en el de las doctrinas. Busco ideas en esquinas cerebrales, mendigas de atención, de oídos altruistas. Busco en el cementerio de los ideales un zombi que no se resigna a permanecer bajo tierra, un ideal devora-cerebros, una sombra putrefacta que anhela ser luz. Sigo adelante, mis pasos son mi camino, mi camino el caminar. Pisando fuerte, abrazando aun más fuerte, gritando al miedo, rompiendo esta maldición de odio. Seguiré buscando un oasis extravagante entre la monótona arena, buscando nubes que me recuerden algo por lo que luchar. Saltaré al vacío sin más alas que un optimismo inventado. Mi fe quebrada será el velero hacia utopías oníricas, el viento mis suspiros. Seré un tripulante sin brújula ni cartas náuticas, marinero rudo forjado en las tempestades de la existencia, corazón ajado en la decepción, corazón recompuesto en piezas de segunda mano, la mano que me ayuda a levantarme cuando caigo. Zarparé de un puerto añejo a un mar neófito. Seré medianoche; su Luna y su derroche, seré mediodía; su Sol y su energía, seré la nada y seré el todo, seré el horizonte por el que nacen y mueren los días, seré un fantasma clandestino y su sombra, seré la mariposa de mi metamórfico pasado.

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