A medida que crezco y me hago mayor
intento madurar, más lo único que consigo es marchitarme. Cuanto
más conozco, cuanto más aprendo, cuanto más sé menos entiendo, no
logro entender la futilidad de este mundo y eso me lleva a odiarlo.
Vivo al margen de la realidad, sólo amparado por el conocimiento, y
es él quien me desencanta de la vida, quien me enseña universos
oníricos que desencadenan mis pesadillas, vidas rasgadas por la
intemporalidad del azar. Caigo en la tentación de la introspección,
vicio malsano de quien no encuentra nada, ni siquiera a sí mismo.
De que sirve descubrir lo que nos rodea si el desencanto llama a
nuestra puerta, para qué el placer del saber si esto nos lleva al
deseo y posteriormente al escepticismo y la melancolía, peones de
un destino lúgubre atados a un renacer más puro, el del desengaño,
desengaño ante un mundo frío, un mundo triste, un mundo en el que
todo logro se desvanece tarde o temprano, un mundo en el que el
añorar y el no tener nada que añorar se funden en el mismo hastío,
un mundo que nos añorará fugazmente, el mundo, nuestro mundo, el
mundo de todos, el mundo de nadie.
Ets fantàstic!!
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