miércoles, 6 de marzo de 2013

El antisistema sistemático

Elegías de trapo, recortes de un adiós, un Dios que llora, un Dios que grita, un Dios que no existe. Espíritu carbonarista de una sociedad de bienestar, el quijotismo de los revolucionarios actuales. Un voto de socialismo edulcorado de espíritu anarquista que no entiende de ideales, unos proscritos del sistema movidos por sus hilos. No existe el revolucionario en sí, solo el pre-revolucionario tiene el don y la maldición de perseguir un sueño, puesto que la utopía del sueño esta en su inlograbilidad. No hay pues meta que no se marchite cuando se logra, no es la meta el fin sino el camino, una rosa cuya belleza esta en su efímera existencia, una perfección que se desvanece en el olvido. Y, puesto que no existe el verdadero revolucionario, la revolución es una mera pantomima, solo el inconformismo y la rebeldía que lo preceden brillan en la oscuridad; la revolución es tan brillante que deslumbra; ciega a sus incitadores y posee a sus seguidores, pues la revolución no es una moda pasajera, no es una guerra de masas, es una lucha de clases, un cementerio de valientes. ¿Cuántos genios se han forjado en los gritos del proletariado?¿Cuántos héroes se han erguido en un océano de adulaciones?¿Cuántos han desenterrado el hacha de guerra solo para ser reconocidos? Demasiados. Demasiados. Demasiados.

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